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Tuesday, April 15, 2008

La decadencia del cuerpo

Durante el periodo final de la Edad Media se hablaba de la decadencia del espíritu. Aquí aplicaba mejor hablar de la decadencia del cuerpo. Más o menos ésta fue la conversación inicial, iluminada por una noche de dormir en el autobús y habiendo visto las montanas desde el valle:

Papá: Hola Sabine, me gustaría ver esa montana de ahí, el Annapurna.

Sabine: Puedes subir al campo base pero te llevará entre siete a nueve días.

- Ummm.. yo solo tengo cuatro días...

- En esos días se puede subir hasta Poon Hill, desde donde se ve el Annapurna South a la salida del sol.

- No se, prefiero no pensar y subir hacia el campo base hasta donde llegue, supongo que no dolerá demasiado, después de haber hecho varios cuatro miles en los Alpes y haber subido varias veces a Abantos.

Eso fue una exageración casi mentira. Lo del castigo era una forma de hablar, en realidad iba a ser un gran placer. Además, el Zugspitze tiene 3000m escasos. De los 60 picos de más de cuatro mil en los Alpes, al Mont Blanc (4808m) no hemos subido, al Matterhorn (Cervino, 4500) tampoco hasta la cima y al Eiger (3900) sinceramente no nos acordamos si hicimos cima. El Grossglockner (3800) lo hemos visto desde lejos, el Jungfrau (4158) lo planificamos pero no fuimos y los Dolomitas (Marmolada) llegan hasta 3344m. En realidad la mayoría de la montaña que hicimos en los Alpes no superaba los 2500m.

Pero Ramesh pensó que era posible llegar a los 4200m, al antiguo glaciar y plataforma desde la que se atacan los 8091m del Annapurna. El bisabuelo decía que el que tropieza y no cae, adelanta terreno. Podríamos llegar en los primeros dos días y medio al campo base del Machapuchare, muy temprano subir al campo base del Annapurna a ver la salida del sol y bajar en dos días como campeones, unas doce horas sin parar cada día de sol a sol.

La realidad es que los puntos débiles de nuestra estructura ósea-muscular dicen ven cada vez más. Entre otras cosas, a veces nos dolía la cadera derecha por las mananas y teníamos que tomar anti-inflamatorios. También nuestros pies hubieran requerido otras botas mejores que las de Decathlon. En todo caso, era el destino y ya no podíamos apearnos.

Vuela pajarito, que los 80 kilos y toda la grasa acumulada durante décadas no pesa. Simplemente relájate, no demasiado, relájate apropiadamente. Que se mueva un pie y luego otro sin que nadie se lo diga. Que los hombros caigan y no aprisionen la respiración. Que los bastones encuentren solos su punto de apoyo en el suelo sin que la mirada se ocupe y sin que se resbale la punta de goma.

La mayoría de los habitantes de la zona son sherpas budistas de fisonomía india, aunque también abundan los thakalis de rasgos mongoles. Las fotos son sherpas cargados. El único medio de transporte es ir a pie, y así llevan incluso las bombonas de butano.

El lago de Pokhara

Habíamos salido el lunes 7 de abril a mediodía de Bangkok y llegamos a Katmandú tres horas más tarde. En el vuelo nos sentamos con un psicólogo nepalí haciendo un master en Bangkok que nos contó la versión psicoanalítica del subdesarrollo y desequilibrio político nepalí. Ibamos sentados en una ventanilla a la derecha de un Boeing 757 y Royal Nepal Airways nos hizo un regalo entrando desde el norte y sobrevolando todo el Himalaya desde Tíbet a Katmandú, en un día claro. Nos recordó a Yemen donde los pueblos estaban construidos en lo alto de la montaña y nos sorprendió ver todas las montañas con terrazas cultivadas y vivas.

La llegada fue un soplo de libertad. Salir del avión a un cutre pequeñito aeropuerto rodeado de montañas y de casitas independientes, a 25º de temperatura, con un aire puro y una atmósfera clara clarísima de a las cinco de la tarde fue una apertura a la vida. Un ataque repentino de memoria nos hizo pensar que podría haber estado allí Melhem, nuestro amigo fotógrafo de Baalback.

A las siete menos cuarto comprábamos un billete a Pokhara a través de unas rejas y a la luz de una vela en la estación de autobuses. Eramos casi los primeros en el autobús, así que cogimos la ventana detrás del conductor. Medio dormidos en la espera, veíamos cómo entraba más y más gente, y cómo subían más y más cosas a la baca. Es espinoso describir lo lleno que puede significar la palabra lleno, la baca tenía el tamaño del autobús entero. Por fin llegó el último viajero, un librero de Pokhara con sus libros recién impresos para los estudiantes de secundaria, unos diez metros cúbicos de libros en cajas blancas que entraron todos en el pasillo delautobús marca Tata.

Para hacer mejor uso del espacio, a una chica la colocaron entre el volante y el parabrisas haciendo la visión del conductor todavía más prodigiosa. La chica se durmió sobre el salpicadero y así hizo el viaje. Ya sabemos todos que estas cosas ocurren porque lo vemos en la tele, pero estar en ese paisaje iluminado por velas hace delicado mantener el sentido de la realidad y no creerse los sueños.

La salida del ocre Katmandú fue polvorienta y abandonada, muy chocante en contraste con la intensidad y limpieza del cielo y las estrellas, con una luna en cuarto creciente prácticamente nueva. Se veían todas las constelaciones nítidamente. Salimos con la visión de un Hercules y un Draco completos, de vez en cuando la Osa Mayor con todas sus siete estrellas, y algunas veces Cassiopeia medio detrás de la montaña. Draco representa un dragón que guarda un manzano de oro que pertenece a Hera, la mujer de Zeus. La cabeza de Draco está formada por cuatro estrellas justo debajo de un pie de Hercules, y el cuerpo está entre las dos osas celestiales (o cazos, como eran conocidas familiarmente antes). A pesar de las potentes luces de las velas en la ciudad, las estrellas igualaban en intensidad a la luz emitida por las casas, en un continuo tierra-espacio encuadrado por la ventanilla.

La noche prometía muy divertida. Por 260 rupias nepalíes, el autobús nocturno recorrió exitosamente los 200 kilómetros que separaban Katmandú de Pokhara en ocho horas. Así de lento en parte por la carretera, que es una curva tras otra subiendo y bajando montañas, en parte por la tecnología Tata del autobús. Lo más parecido rebuscando en la memoria era la carretera al Qadisha pero con menos asfalto, con menos parapetos y defensas y muchos más camiones, la mayoría Tata no se si muy antiguos o muy simples, más bien netos y pelados. Es difícil que el autobús alcanzara en ningún momento más de 30 km por hora de velocidad. Por suerte, el autobús circulaba por la parte de la izquierda de la montaña, es decir, en el lado de la montaña y no en el de la caída al vacío. Así, dormimos bastante bien, con los ojos entreabiertos, casi todo el trayecto, a ratos.

Al llegar, la primera visión de las montañas fue un shock. Era la primera hora de la mañana, apenas acababa de salir el cielo, una hora antes de la salida del sol. Salíamos del autobús recién despertados y ahí estaban los dos guardianes de un compartido macizo como paredes a la derecha. Eran más de seis kilómetros por encima y se percibían como muros verticales custodios del alma humana.

Los dos enormes colosos eran el Annapurna Sur y el Machapuchare, dos puntas brillantes de hielo diciendo ven. Die Berge rufen. Ambos se veían como flechas al cielo alejándose del ser humano. Alrededor de ellas iban a rodar los próximos días: El Annapurna Sur se convertiría en el punto a seguir cual torre de iglesia se tratara en Castilla La Mancha, y el Machapuchare simbolizaría el mito. Esta montaña de casi 7000 metros con forma de cola de pez tenía mucho significado religioso y, tal vez por eso tal vez por lo vertical de sus aristas, mantenía su dignidad lejos del hombre y nunca había sido escalada hasta la cima. Su omnipresencia desde cualquier punto de la región recordaba al Cervino en los Alpes.

La mañana del martes, el lago de Pokhara parecía de aceite en el amanecer y las barcas parecían deslizarse por su superficie. Lo rodeamos paseando y escribimos esto en Mike´s restaurant a la orilla del agua, con un ojo en el cuaderno forrado de corcho del rastro madrileño, y otro ojo en las mujeres lavando la ropa en las aguas tranquilas del lago. Una de las mujeres se estaba recolocando la falda en una terrible complejidad de telas. Llevaban una especie de tira de tela enrollada y remetida por varios flancos. Ahí estaban los ojos, la boca estaba llena de tostadas con huevo, queso, mermelada y café con leche, la especialidad para el desayuno del tal Mike. En la mesa siguiente había una pareja británica con dos niños de quizás tres y cinco años. Tomaban café y papá se imaginaba cómo iban a salir caminando todos juntos hacia el Annapurna.

Ya que habíamos llegado algo lúcidos a Pokhara, planificamos buscar el Blue Planet en Lakeside East, decir Namasté a Sabine, la duena, una belga muy simpática que iba a arreglar la excursión al Annapurna, decir hola por Internet a los monstruitos, tomar una ducha y salir caminando.

Thursday, June 14, 2007

Quiero de vuelta mi monte Cervino



El monte Cervino (en aleman Matterhorn) ha estado cerrado cuatro dias. Escaladores y montaneros han tenido que esperar en el valle a que se abrieran las rutas de nuevo y se limpiaran de piedras. Dicen que parte del monte permanecia unido por el hielo entre las rocas y su labor como pegamento. Este ano que el cambio climatico nos ha regalado seis grados en media mas de lo normal se ha deshecho ese hielo y ha ocasionado el desplome de piedras y paredes.

Para el papa es la montana mas simbolica de los Alpes. No solo por su forma caracteristica y unica, imitacion de cuerno, que puede que no dure mucho, sino por la paz de la montana, la suavidad del pueblo de Zermatt y por la autenticidad del lado italiano. A pesar de eso, es un monte que nunca se ha dejado conquistar hasta su cima.

Seis grados son muchos. Son la diferencia de temperatura entre Suiza y Espana. Este ano en los Alpes se ha registrado la temperatura mas alta de los ultimos doscientos cincuenta anos, y a seis grados de diferencia con la maxima anterior. Eso situa a Suiza en la temperatura media de Espana. Espeluznante!

Esta es una muy mala noticia para montaneros, alpinistas y escaladores. Primero porque puede facilmente ser leido como el comienzo de algo que no nos gusta nada oir. Segundo por el peligro que supone en la montana. El mayor peligro inicial es el desmoronamiento de seracs. Edurne Pasaban cuenta muy emotivamente en su pagina personal como ha tenido que abandonar el Annapurna por la caida de bloques de hielo de un serac.

Un serac es un bloque o comumna de hielo formada por la interseccion de fracturas o brechas de un glaciar. La mayoria de estas brechas se crean trasversalmente por el movimiento hacia abajo del hielo. Cuando el glaciar acelera su movimiento, mas brechas o fracturas se crean en otras direcciones. Se da muchas veces que la brecha queda tapada superficialmente con nieve que se desmorona cuando la pisa un alpinista. Por eso, en Alemania, en la Deutsche Alpenverein se ofrecen cursos de rescate en brechas (crevasses) todas las semanas. Los seracs pueden tener el tamano de un edificio, y su peligro viene de que se desmoronan sin previo aviso y de forma muy rapida.

Los montaneros conocen el Cervino por la Ruta Alta. Son 180 kms entre Chamonix y Zermatt, al pie del Cervino. Esta ruta tradicional ha pasado de ser muy segura a tremendamente peligrosa por el colapso de los glaciares, que ha hecho alguno de los pasos imposibles de atravesar.

Esta y otras noticias nos hacen asustar del cambio climatico y lo que va a ocurrir en los proximos anos y decadas.